San Martín returns

/ 29 may. 2008 /

Esta canción me gusta para viajar. No sé. Es que tiene el ritmo del paisaje en la ventana. O una calidez de otoño. Una especie de soledad agradable. Esa soledad que siempre me ha rondado de cerca, o que quizás yo nunca he querido espantar.

No me gusta viajar acompañada. Creo que es un proceso que se debe vivir en soledad, como tantos otros, para poder pensar, o no pensar, estar dentro de uno, egoístamente, necesariamente, únicamente. Atravesando pueblos, superando casas, caras, olores, conversaciones ajenas, todo tan efímero. Detenciones por tiempos variables, pero siempre el eterno viaje con destino cierto. Es dejar atrás. Pero conservando esa necesidad de volver a donde uno pertenece. Aunque de pronto, en el constante ir y venir uno deja de tener claro a donde pertenece. Se vuelve un pasajero más. Ajeno en todas partes.

Lo más bonito es viajar en otoño. Me gusta mirar todo a mi alrededor, aunque si me preguntan, nunca recuerdo nada porque en realidad no estoy mirando hacia ninguna parte fuera de mi pensamiento. No podría viajar sin música. Es el puente, es lo que necesito para entrar a esa dimensión alternativa que es mi mente bastante frikeada, como dice alguien.

Hay una parte del camino, cerca de la mitad, y es curioso, definitivo, porque uno deja de extrañar lo que dejó atrás y empieza, sin darse cuenta, a anhelar llegar pronto.

Siempre que salgo de mi casa, de la verdadera, tengo pena, no por mí, sino por mi mamá, que se queda muy sola, por mi papá, que sé que tiene tanto que decirme y mucho más que quisiera escucharme decir, y siempre nos despedimos en silencio. Tengo pena por dejar mi cama otra vez, a mi gato, y la confianza que no se tiene jamás en ningún sitio más que en la propia casa. Pero esa nostalgia dura tan poco, cuando me he subido al bus y sé que alguien me espera, la tristeza se convierte en anhelo y la rutina del viaje en placer. Y el camino en excusa. Me pongo los audífonos, muestro mi boleto, miro por última vez mi pueblo semi rural y respiro. Con alivio, con alegría, con nostalgia de los trayectos y las historias de niña. De los amigos de alguna vez. Todos nos volvimos errantes. Mientras el bus avanza yo avanzo en mi introspección. Gente sube, baja, otra se sienta a mi lado. Cierro los ojos. Niños que van a los internados, campesinos con manta, adolescentes escuchando ritmos de moda, muchachas coqueteando con el auxiliar que finamente no les cobra. Una pareja de ancianos escucha rancheras en un personal stereo. Yo miro mi miserable mp3 que ya es bastante antiguo y suena mal. El vendedor de tortillas, como en cada viaje sube siempre en el mismo lugar. A veces se llena el pasillo, luego esa gente se baja y sube otra gente parecida. A veces alguien se sienta conmigo, otras veces me vuelvo a quedar sola. Eso es lo que quiero.

Y siempre es lo mismo, el viaje no se detiene, siempre es el mismo camino, siempre las mismas sensaciones que siempre saben a la primera vez. Y el camino nunca es el mismo, y las caras nunca se repiten.

Después de varios años de viajes y eternas idas y vueltas uno se vuelve un poco inerte respecto a algunas situaciones. Yo no. Siempre tengo nervios previos a cada viaje, ya sea de ida o de regreso, es casi como esos nervios que dicen sentir los artistas cada vez que se suben al escenario y que son absolutamente necesarios.

Antes yo estudiaba en el bus, o leía. Ya no puedo, ahora el viaje se volvió demasiado introspectivo. Me gusta sentarme en los primero asientos, desde donde puedo apreciar todo el camino próximo a mi visión y jugar, por un momento, a que sé hacia donde voy. Y así, casi por hipnosis, me suelo quedar dormida. Nunca completamente, siempre oyendo los sonidos del bus, ese rumor del viaje que nunca cesa.


Fotografía: Daniela Matamala
http://www.flickr.com/photos/danelie/2185978713/


2 Comentarios:

{ A N I L I N A X } on: 29 de mayo de 2008, 15:01 dijo...

somo embajadores de alicia

http://tienda-mutante.blogspot.com
http://mutantes-clandestinos.blogspot.com

=)

{ Eduardo!™ } on: 29 de mayo de 2008, 16:21 dijo...

Me di una vuelta por tu blog y en realidad me agradan bastante tus relatos, especialmente las anécdotas de tus vivencias personales.
Sí, en realidad creo que es reinteresante viajar y comenzar a pensar, a mirar el alrededor con otros ojos. Siempre me ocurre. Uno se interioriza en su mundo más profundo y de ahí no hay quien te saque, nadie borra tus amores, locuras, amistades, ambiciones, sueños, en fin lo que se te venga a la mente en ese instante.
Cada viaje nos adentra en una nueva historia.
Saludos! =)

 
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