El amor... antes del amor

/ 16 mar. 2008 /
El primer amor de mi infancia fue a los seis años y se llamaba Miguelito, aunque más bien, yo fui el primer amor de su infancia. Era un niño pequeño y pálido, y en invierno faltaba mucho a la escuela porque su debilidad lo hacía especialmente propenso a enfermarse. Creo que fue la única vez que le gusté a un niño. O al menos la única vez que alguien hizo cosas tan dulces como regalarme todos los días caramelos de frambuesa y arrastrarse debajo de la mesa sólo para atarme los cordones de los zapatos. Son todos los recuerdos que tengo de él, y también que nunca me gustó, porque a mi aún no me gustaban los niños, y porque un día cualquiera Miguelito no volvió. Desde entonces mis zapatos se quedaron desabrochados y me olvidé para siempre de los caramelos de frambuesa.

Resulta que Miguel Camino era hijo de una mujer muy joven y un hombre muy viejo al que todos llamaban el “mudo Camino”, porque, en efecto, era mudo. Imagino que Miguelito fue fruto de esas extrañas relaciones que sólo se ven en el campo, tal vez arreglada de antemano por la familia de ella y apelando a las humildes condiciones en que seguramente vivían. Mis papás solían comentar que era inverosímil que una niña tan bonita como era Iris, estuviera casada con un hombre tan viejo y desagradable y que, además, la trataba tan mal. La cosa es que un día Iris simplemente se fue y se llevó a Miguelito. Y nadie más volvió a saber de ellos hasta muchos años después. En el norte Iris se volvió a casar, esta vez con un señor viudo, un ingeniero millonario. Dicen que es feliz.

Hace algunos veranos atrás Iris trajo a su marido y a su nueva familia a conocer esta parte de su pasado, por supuesto también vino Miguelito, que ahora es Miguel. Pero eso lo supe yo bastante tiempo después, al mismo tiempo que supe que Miguel aún se acordaba de mí y quería verme, pero justamente ese verano algo varió y no estuve en casa. A mi también me hubiese gustado verlo.

El tiempo pasa. El tiempo siempre pasa. Y es mentira que yo me haya olvidado de ese niño pálido que se fue sin terminar el primero básico, porque esos mismos caramelos de frambuesa de tubito ahora vienen en paquete. Y porque, inconcientemente, cada vez que conozco a algún hombre y me gusta, le pido que me amarre los zapatos, es como una especie de prueba que, sin saber, establecí en mi vida gracias al recuerdo de Miguelito.

4 Comentarios:

Anónimo on: 16 de marzo de 2008, 15:44 dijo...

El pasado... un contructo del hombre o un presente latente que revive con la memoria... cualquiera sea la respuesta, es, sin duda, una base para lo que somos hoy
Buenos o malos los recuerdos viviran con nosotros hasta la muerte

Anónimo on: 16 de marzo de 2008, 20:18 dijo...

me gustan tus fotos.

Sana ,sana, niñita del ave

ya nadie te quitará el sueño.

es mejor olvidar

las heridas sanan sólo cuando las dejas ir.


lo negativo se mete en las venas y domina nuestro mundo, no dejes que eso pase.

sana sana colita de rana, si no sana hoy sanará mañana.

bye bye

{ PaTooL } on: 20 de marzo de 2008, 20:48 dijo...

espero tus próximos relatos

me gustó mucho éste, además que la música que tengo me evoca muchos lugares especiales...
igual me dió un poco de tristeza miguel, no sé porqué...

estamos al habla, o como se diga

yo seguiré caminando hacia donde me lleven los pies. A decir verdad, camino, hasta que me canso.
Sólo camino

{ Haznard } on: 3 de abril de 2010, 12:06 dijo...

Esas heridas son las que nos recuerdan que estamos vivos. A mi tambien me paso algo asi, Conoci a una niña la cual amaba mucho, y el sentimiento era mutuo, y por esas cosas de la vida un dia, nos mudamos, me dolió, porque no pude despedirme de ella... Años después, un día, la he vuelto a encontrar, mas ella, no me recuerda, ni siquiera el nombre.,,

Nunca pense encontrar un blog, que realmente me interesara leer, es hermosa la manera en que escribes, la forma en que cada palabra da vida a un sentimiento.

 
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